
Si estás aburrido le propongo hacer la siguiente prueba.Trata de doblar una hoja de papel sucesivamente sobre sí misma; comprobarás que no podrás superar el octavo doblez.
Prácticamente, es imposible, aunque en alguna parte leí que el récord mundial ha sido doblar una hoja de papel doce veces sobre sí misma.Parece algo fácil de superar, pero cuando uno trata, por muy prolijo que sea, no será capaz de superar los ocho dobleces.
La tendencia es que uno trate de conseguir para el experimento una hoja de papel cada vez más grande y más delgada. Sin embargo, no importan el tamaño y las características de papel, siempre se llegará con gran dificultad al límite del octavo doblez.
De este inicuo experimento se puede sacar una enseñanza muy importante para nuestra vida. Vivimos en una cultura que nos promete muchas cosas y nos convence de que mientras más tengamos, seremos más felices. Y acumulamos estudios, bienes, salud y poder. Pero creer que mientras más tengamos más felices seremos es un engaño.
Es igual a lo que nos pasó cuando hicimos el experimento del papel.Qué pensamiento más engañoso.
Lo mismo sucede con la existencia humana.Ella tiene sus límites.Por mucho que nos esforcemos y nos cuidemos, no podremos vivir más de “ocho dobleces”, tal vez en casos contados y con cuidados especiales algunos podrán llegar a los “doce dobleces” de vida, pero seguimos teniendo un límite insuperable. Lo mismo sucede con nuestra capacidad de poseer y gozar con lo poseído.
Uno sólo es dueño de lo que goza y uno sólo goza lo que comparte, éste es nuestro límite en el poseer. Pero la lógica del consumo nos trata de convencer de lo contrario, que podemos poseer y gozar ilimitadamente.
La experiencia nos muestra a diario que, a la larga , en la vida humana la felicidad la constituyen sólo unos cuantos dobleces que son indispensables en nuestra existencia. Lo demás sobra, pues es imposible sacarle más dobleces a nuestra vida.
Ver esta verdad a algunos los violenta, prefieren seguir viviendo engañados, viendo el enorme papel que la vida les ofrece y los adula, proyectando en ella una infinidad de apetitosos dobleces.La verdad es que al cuarto o quinto doblez estaremos todos enfrentados a los mismos problemas, ricos o pobres, tendremos las mismas dificultades.
En todo consiste la sabiduría de que goza quien es sencillo, quien sabe vivir, saber que lo importante es hacer bien los ocho dobleces fundamentales que la vida ofrece, gozar con cada uno de ellos y que no me distraigan con la posibilidad de dobleces que nunca llegarán. Ser austeros en la vida no es renunciar al gozo. Ser austeros es ser sabios y saber que la vida tiene límites y, no pretender más, aceptar esos límites y saber gozar con las pequeñas cosas de cada día.
Vivir pretendiendo más de lo que podemos es un engaño que nos hará mucho daño. Les propongo que, entre tanto bombardeo de propaganda y folletos con ofertas a todo color que nos prometen toda clase de felicidad, hagan el sabio experimento del doblado del papel. Arránquenle una hoja al mismo folleto de las ofertas y traten de doblarla sobre sí misma lo más que puedan.
Seamos sabios y aprendamos lo que una humilde hoja de papel nos puede enseñar sobre la vida.